Nuestro mundo, nuestro terruño, las ciudades donde habitamos y que nos habitan, son y forman parte de nuestro andar, que nos inspiran, nos acogen, sostienen y que inevitablemente son nuestro hogar. La vida que surge de nuestra tierra se despierta en un amanecer al ver las hojas donde la lluvia deja sus gotas caer, y los árboles hablan entre ellos desde su micelio, esta vida ante nuestros ojos se proyecta día a día, y alcanza aún más su esplendor a través de nuestra propia existencia la del ser humano. Nosotros que vemos y contemplamos la belleza de la naturaleza y experimentamos el resurgir de sus cambios y diversos climas, somos partícipes y testigos de la vida. Y vivimos, experimentamos y compartimos nuestra mirada a través de vivir en cada lugar donde estamos, desde la sierra llena de montañas, lagunas, nevados y hermosos paisajes hasta la costa llena de desiertos, nuestro mar inmenso y la memoria de nuestras culturas ancestrales. Y la selva que llena de vida nos sumerge hacia la vorágine, lo salvaje y los maravillosos 8 ríos así como sus relatos y mitos que nos hablan de tradiciones orales ancestrales.